Un tatuaje, un riesgo.

20 - Agosto - 2008 por JM | Noticias Nacionales | |

Un ancla, un toro, un «amor de madre»… los tatuajes tampoco se libran de los tópicos y éstos son algunos de los que más se han demandado a lo largo de la historia. Antiguamente, en España se consideraban propios de las clases marginales de la sociedad, pero a partir de los años ochenta los componentes de diferentes tribus urbanas, como los heavies o punks, comenzaron a lucirlos.

Actualmente se puede decir que los tatuajes forman parte de la vida cotidiana no sólo de la gente corriente, sino también de los deportistas, cantantes o actores que adornan sus cuerpos con unos dibujos que, a su vez, han ido evolucionando con los años.

Asimismo, el uso de los «piercings» ha variado en las últimas décadas, y cada vez son más los hombres y mujeres que se animan a perforar alguna parte de su cuerpo.

Con la proliferación de estas prácticas ha aumentado el número de establecimientos que se dedican a realizarlas, pero no todos reúnen las condiciones higiénico-sanitarias adecuadas, por lo que es aconsejable cerciorarse de ello antes de que el cuerpo quede marcado, pero no con el resultado que se esperaba.

La delegada de Salud y Consumo del Ayuntamiento de Sevilla, Teresa Florido, presentó ayer los resultados de la inspección que se está llevando a cabo en este tipo de negocios por parte del Área de Salud y Medio Ambiente.

«Los profesionales están colaborando en estas supervisiones que estamos realizando, ya que ellos son los primeros interesados en que se cumpla el reglamento»

Hasta ahora han sido censados 31 centros, se han inspeccionado 29, mientras que los otros dos están a la espera de pasar por el mismo trance. En cuanto a la presentación de los requisitos necesarios para poder prestar los servicios, la delegada ha comentado que ya han sido 22 los que los han aportado y que quedan 7, aún dentro de fecha, pendientes de entregarlos. Por otro lado, hay 18 propuestas de autorización, de las que se ha denegado una y sólo se ha recibido la denuncia contra un establecimiento, al que se abrió un expediente sancionador ya que realizaba «piercings» y desarrollaba prácticas no contenidas en el decreto 2/86 que recoge este tipo de actuaciones. En el mismo se señala que los profesionales que se dedican a esta labor deben haber realizado un curso homologado por la Junta de Andalucía para poder desempeñar de forma legal este trabajo.

Según comentó Florido, el colectivo de profesionales del tatuaje y perforación cutánea «está colaborando en estas supervisiones que estamos realizando, ya que ellos son los primeros interesados en que se cumpla el reglamento. Además, la mayoría disponen de toda la documentación necesaria».

Riesgos que se deben conocer.

Por otra parte, la delegada destacó la importancia de que «quien decida tatuarse o hacerse un “piercing” tiene que tener conocimiento de los riesgos que conllevan estas prácticas. Desde reacciones alérgicas a dermatitis, pasando por infecciones virales y cutáneas bacterianas». En el caso del tatuaje, Teresa Florido recalcó el hecho de que «el método para eliminarlo es muy incómodo ya que dura varias semanas. Además, nadie asegura que desaparezca, puede ser para toda la vida».

Otro aspecto a tener en cuenta antes de realizarse un tatuaje o un «piercing» es el hecho de que «hay organizaciones que no aceptan donaciones de sangre de personas que se hayan sometido a alguna de estas prácticas en el último año, ya que pueden ser fuente de contagio de enfermedades que se transmiten por sangre».

De igual modo, Florido aconsejó comprobar que los estudios garanticen una serie de condiciones que contribuyan a no poner en peligro la salud del cliente, como la limpieza del establecimiento, que el equipo sea desechable, que el profesional esté autorizado, etc.

Queda demostrado que los tiempos cambian y que lo que antes era una seña de identidad de aquéllos que tenían una vida desarraigada y pertenecían a clases marginales, hoy se ha convertido en una corriente de moda que arrastra a jóvenes y mayores de toda clase y condición.

Eso sí, parece ser que sus riesgos siguen ahí y pueden marcar no sólo la piel, sino también la vida de una persona.

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