La segunda víctima del tren.

03 - Noviembre - 2007 por JM | Noticias Nacionales | |

Le tiene más miedo a los periodistas que al descerebrado que agredió a una menor ecuatoriana en los Ferrocarrils de la Generalitat. Roberto Jesús Prieto, de 23 años, es el tercer personaje que aparece en las mil veces vistas imágenes del vagón del tren. El joven al que muchos acusaron de ser un cobarde y un nazi rompió ayer su silencio en un plató de TV-3 para exigir respeto y que le dejen tranquilo. Habló claro y gratis pese a que algunos programas de televisión le han tentado con miles de euros.

“En algunas cadenas de televisión taparon la cara de la menor y la del agresor pero mostraban la mía. Era absurdo”, lamentó este joven argentino que la noche de aquel domingo 7 de octubre subió al vagón del tren tras una jornada en su puesto de recepcionista de un hotel de Barcelona. Jesús eligió al periodista Josep Cuní para denunciar en su programa Els matins de TV-3 la persecución mediática que padece desde entonces.

En un buen catalán pese a que solo lleva viviendo un año y medio en Olesa de Montserrat (Baix Llobregat), Jesús relató que no presenció la agresión completa del vagón. Solo vió el pellizco en el pecho y reconoció que en aquel momento no hizo nada por temor. “Habían otros dos señores en el vagón que tampoco hicieron nada. Tuve miedo”, dijo para denunciar que estas semanas se ha convertido en protagonista de una polémica en la que todos hablan de él sin conocerlo. “Debatir sobre el miedo y mi actitud es positivo, en lo que ha derivado, no”.

Como también muestran las imágenes, Jesús habló con la menor, le sugirió que denunciara y le señaló la cámara de seguridad que había grabado la agresión. “Ella telefoneó con su móvil al 112 delante mío. Por tanto no es cierto que no hiciera nada. Les contó los hechos, bajó en su parada y yo seguí hasta Olesa. No la volví a ver”, dijo.

Situación legal en España.

Aquella misma noche, Jesús contó lo sucedido en el tren a su pareja y a otros amigos inmigrantes. “No me quitaba la escena de la cabeza. Fue una agresión xenófoba”.

Tras la detención del agresor, la Guardia Civil difundió el vídeo del tren y la opinión pública, tras reprobar la agresión, se fijó en el personaje tímido de los auriculares, le se-
ñaló con el dedo y le acusó de cómplice por cobarde. “Se han dicho de mi barbaridades. No es cierto que esté en España en situación irregular y no deseo que me persigan y graben para participar en programas a los que no quiero ir”.

Su paciencia se colmó cuando escuchó y leyó que él había pedido amparo a los Mossos d’Esquadra porque sus vecinos de Olesa le insultaban por la calle: “Es mentira. La gente que me reconoce o no me dice nada o incluso se acercan para decirme que entienden mi postura, que no fue sencilla. Nadie me ha amenazado ni insultado. Acudí a los Mossos para pedir protección a mi intimidad y para contar lo que presencié por si servía para la investigación”.

Introvertido, pero seguro, Jesús contó que huyó de su pueblo, Orán, en la provincia de Salta, al norte de Argentina, por su condición sexual: “Soy gay y aquel es un pueblo pequeño y católico en el que no me entendían”. Hace cuatro años se enamoró por internet de un joven de Olesa y viajó hasta Catalunya por amor.

“No se puede tolerar que personas que no me conocen ni saben quién soy se atrevan a juzgarme en público. Una política –la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre– llegó a decir que yo era un nazi”.

Le entristece la persecución que ha sufrido a golpe de talonario. “Lo mínimo que me han ofrecido han sido 3.000 euros. No quiero dinero, no quiero nada, solo respeto. Esta será la primera y la última vez que hablaré en público sobre este asunto”.

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