La Casa Blanca rechaza el diálogo con Cuba.
29 - Julio - 2007 por JM | Noticias Internacionales | |
La política de Estados Unidos hacia Cuba no ha cambiado un ápice durante el primer ańo de ausencia física de Fidel Castro, y así lo demuestra la insistencia de la Administración republicana de que no dialogará con el régimen de La Habana. El departamento de Estado ha rechazado frontalmente la oferta de Raúl Castro que el jueves pasado propuso tender la mano al sucesor de George W. Bush.
Según el portavoz Sean McCormack, «el único diálogo que necesita mantener Castro es con el pueblo cubano». «Lamentablemente ése no es el diálogo que se está sosteniendo en Cuba en estos momentos, así que esperamos con impaciencia el momento en que el pueblo cubano tenga la oportunidad de tener ese diálogo libre y abierto», continuó McCormack. Ésta es, en realidad, una frase hecha en Washington, repetida hasta la saciedad en los últimos meses por los funcionarios americanos que no ven en la figura del hermano de Fidel un motivo para cambiar su política y, mucho menos, para levantar el embargo sobre la isla impuesto hace ya 45 ańos. «Si el pueblo cubano pudiera expresar su opinión sobre la posibilidad de elegir a sus líderes libremente, la respuesta probablemente sería que sí», manifestó el portavoz para subrayar el hecho de que el relevo de poder no se ha traducido en la apertura que a Estados Unidos le hubiera gustado.
Claro que nadie esperaba un giro en la postura de Washington. Ni siquiera el propio Raúl Castro, que aunque repitió la oferta de diálogo que hizo a EE UU el pasado mes de diciembre, dijo estar «dispuesto a continuar afrontando la política de hostilidad estadounidense, incluso durante otros 50 ańos». Con motivo del Día de la Rebeldía Nacional, el presidente provisional de la isla también tildó a la Administración Bush de «errática y peligrosa», que no son exactamente adjetivos propicios para el diálogo.
En cualquier caso, la única oferta que Washington está dispuesto a aceptar de Cuba es la realizada por el presidente Bush en mayo de 2002, que ya fue rechazada por el gobierno cubano. En esa ocasión, el mandatario estadounidense dijo que estaría dispuesto a levantar el embargo sobre la isla a cambio de que el régimen castrista aceptase la liberación de prisioneros políticos, el respeto a los derechos humanos, un compromiso hacia la creación de instituciones independientes -como partidos políticos y sindicatos-, y una vía hacia la realización de elecciones. Unas reformas, que no se plantean en el inmóvil régimen cubano, más preocupado por la salud de los dos Castro.