Cercanías en el mar.

27 - Agosto - 2007 por Txema | Consumo y Opinión | | Envia un comentario

Un trayecto Palma-Barcelona del pasado 21 de agosto acabó con la paciencia de muchos viajeros, la mayoría de los cuales volvían de vacaciones de la isla. El fast ferry Jaume III, de la compańía Baleŕria, llegó con seis horas de retraso a puerto tras sufrir una avería a tres millas de la capital catalana. Fueron más de diez horas a bordo de un buque que partió puntual, pero que se retrasó más de lo previsto. El trayecto entre la capital balear y la ciudad de Barcelona se inicia a las 10.30 de la mańana y finaliza, si las condiciones son favorables, a las tres de la tarde en aguas barcelonesas. El Jaume III del pasado martes llegó a las nueve de la noche.

Fuentes de la naviera aseguraron que el incidente se debió a un “fallo en la alimentación del combustible en la inyección de gasóleo”, aunque no descartaron que esta avería se produjera por la mala mar que hizo durante todo el trayecto. De hecho, tanto ese día como ayer, la actividad marítima se vio afectada por un temporal poco usual en esta época del ańo. La imagen de las playas vacías por las nubes, el frío y la lluvia que en pleno agosto han asolado Catalunya, las islas Baleares y buena parte de la geografía espańola, ha sido tan sólo un aperitivo de lo que han tenido que sufrir los protagonistas del tráfico en alta mar. Desde la propia Baleŕria aseguran que este mes de agosto ha sido “extraordinario” en lo meteorológico, hasta el punto de que han tenido que cancelar algunos trayectos en un mes en que normalmente las aguas corren tranquilas y plácidas. El porcentaje de cancelaciones en la línea Barcelona-Mallorca ha sido del 4%, según los datos aportados por Baleŕria.

Según la naviera, el cambio climático obliga a replantear el tráfico marítimo. En concreto, los barcos del futuro deberán ser de gran eslora pero de mayor velocidad que los actuales. Los buques fast ferry son generalmente del formato catamarán y pueden llegar a alcanzar una velocidad de más de 30 nudos. Unen Palma de Mallorca con Barcelona en menos de cuatro horas, pero cuando el mar está muy revuelto, suelen quedarse en puerto porque son muy incómodos para los pasajeros.

El gran competidor de Baleŕria, cuya sede se encuentra en el puerto de Dénia, es Acciona, la antigua Trasmediterránea, el gran veterano de las aguas que unen las islas con Catalunya y la Comunidad Valenciana. Según afirmó una portavoz de la naviera a La Vanguardia, no ha habido este verano ninguna cancelación. La compańía opera en las líneas que cubren Barcelona y Baleares con una flota de cinco buques: dos buques de alta velocidad, un fast ferry y un ferry, y, finalmente, un buque carguero. Tanto Baleŕria como Acciona son privadas, aunque sus buques deben pasar periódicamente un severo control para adaptarse a las normas internacionales de seguridad.

Cada ańo son varados del mar y pasan una exhaustiva revisión para cumplir con los parámetros de calidad, seguridad y preservación medioambiental. Tanto una compańía como la otra aseguran que su flota se encuentra en constante renovación. La media de edad de sus barcos no supera los cuatro ańos y medio, aunque el buque que tuvo la avería el pasado martes cerca de Barcelona tenía ocho.

Si las compańías hablan bien de sus barcos, otro gallo canta a la hora de valorar las infraestructuras portuarias. Según afirman, el mal estado de los puertos es normalmente la causa de los retrasos en los trayectos marítimos. Sus quejas se dirigen particularmente al puerto de Eivissa, cuya falta de inversión salta a la vista de cualquier viajero que en algún momento de su vida se haya trasladado en barco a la Pitiüsa mayor. El puerto de la capital recuerda a los viejos tiempos, ya que los pasajeros tiene que salir del barco o acceder a él por una escalera que lo conecta por el mar.

Lo que parece una llegada a la isla para nostálgicos, con la ciudad vieja de Vila de testigo, se convierte en un verdadero incordio para los pasajeros y también para las compańías. En más de una ocasión han pedido que se amplíe el puerto con nuevos atraques. Actualmente sólo hay uno en una ciudad que vive del turismo y que registra un tráfico de seis a ocho buques de viajeros al día en temporada alta.

A los problemas de operatividad en el puerto de Eivissa se han sumado elementos incontrolables, como el naufragio del tristemente famoso buque Don Pedro, de la compańía Iscomar, a principios de verano. La nave naufragó muy cerca de los diques y las tareas de extracción del fuel que aún contiene en su interior provocan retrasos en los barcos que salen de puerto, ya que tienen que ralentizar la marcha.

Baleŕria ha recibido quejas de los pasajeros como la de Xavier Costa y Cristina, pasajeros del buque que sufrió un retraso de seis horas. Y ha reclamado a Iscomar que compense los perjuicios ocasionados. Una posición que no comparte, Acciona, que ya de entrada no se considera agraviada por el hundimiento del barco. Para esta otra compańía el principal problema son las embarcaciones de recreo, que tanto en Palma como en Eivissa obligan a los grandes barcos comerciales a ralentizar su velocidad navegación.

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